lunes, 13 de abril de 2015

RECUERDA LO QUE SABES

Recuerda:

La Historia es el periodo comprendido entre la aparición de la escritura, hace aproximadamente 5000 años, y la actualidad. El llamado periodo histórico se conoce, además de por los restos que se conservan, por los textos escritos donde se narran las formas de vida de las civilizaciones que nos han precedido y los principales sucesos que en ellas se dieron.






LA EDAD ANTIGUA EN LA PENÍNSULA IBÉRICA:

ÍBEROS, CELTAS Y PUEBLOS COLONIZADORES.

En el primer milenio a.C., es decir, hace unos 3.000 años, habitaban en la Península Ibérica dos pueblos: los íberos y los celtas. Más adelante, llegarán navegando por el mar Mediterráneo los llamados pueblos colonizadores: los fenicios, los griegos y los cartagineses.


LOS ÍBEROS

Los pueblos íberos se extendían por el sur y el este de la Península.


Distribución de Íberos y Celtas en la Península Ibérica

Vivían en poblados amurallados, construidos en zonas elevadas. Las casas eran rectangulares y se alineaban formando calles.


                                         Fotografía y dibujo de un poblado íbero

Los íberos se organizaban en tribus, generalmente gobernadas por un rey.

La mayoría eran agricultores y ganaderos, y también tenían buenosartesanos.

Fabricaban espadas de hierro, recipientes de cerámica y tejidos de lana y lino.

Comerciaban con las colonias fenicias y griegas y utilizaban su propia moneda para los intercambios.


                                                                Moneda íbera




LOS CELTAS

Los celtas ocupaban la Meseta (centro de la Península Ibérica) y la costa atlántica (la actual Portugal, Galicia y la costa cantábrica, donde convivían con otros pueblos, como los vascones).

Como los íberos, vivían en poblados amurallados y elevados, pero sus casas, llamadas castros, eran de planta circular y estaban distribuidas de manera desordenada.

Los celtas se organizaban en tribus y se abastecían entre ellos, por eso eran poco comerciantes y se dedicaban, sobre todo, a la ganadería y un poco al cultivo de cereales. Además trabajaban muy bien los metales.






Restos de un poblado celta y castro (vivienda de planta circular)


                                                    CELTAS E ÍBEROS




LOS PUEBLOS COLONIZADORES: FENICIOS, GRIEGOS Y CARTAGINESES






                                           

                                       COLONIZACIONES FENICIAS Y GRIEGAS



EL IMPERIO ROMANO

Según la mitología romana, Roma fue fundada en el s. VIII a.C por dos hermanos, Rómulo y Remo, que fueron amamantados por una loba.
Para conocer un poco más sobre los orígenes de Roma, pulsa en el siguiente enlace:

Varios siglos despues, hacia el s. III a.C comienza la expansión de Roma, hasta llegar a formar un gran imperio.

Fíjate en la siguiente secuencia de mapas, como, a lo largo de varios siglos, Roma va formando un gran imperio, dominando todo el Mediterráneo y gran parte de Europa Central.

 Mapa 1  


Mapa 2


Mapa 3














Mapa 4














Mapa 5














Mapa 6















LA CONQUISTA DE HISPANIA

En el año 218 a.C (ver mapa 2), los romanos desembarcaron en Ampurias con la intención de conquistar la Península Ibérica. En ella se encontraban los cartagineses, por ello los romanos y los cartagineses sostuvieron dos guerras, llamadas guerras púnicas, al final de las cuales los romanos consiguieron vencer a los cartagineses, mandados por el general Anibal.
LAS GUERRAS PÚNICAS



Pero la conquista de la Península Ibérica no fue tarea fácil, duró más de 200 años. 


Los romanos conquistaron con facilidad la costa mediterránea, que había estado en contacto con los pueblos colonizadores; sin embargo, encontraron una gran resistencia entre los pueblos que habitaban el norte, el oeste y el interior de la península.

                                            
                                             LA CONQUISTA DE HISPANIA




Fíjate en el siguiente esquema, donde se explican las fases de la conquista de la Península Ibérica por Roma:




LA ORGANIZACIÓN DE HISPANIA

Una vez conquistada Hispania, los romanos la dividieron, en un primer momento en dos provincias (la Citerior y la Ulterior); más tarde pasaron a ser tres (la Lusitania, la Bética y la Tarraconensis) y finalmente, en el s. III d.C. quedó dividida en 5 provincias: Lusitania,  Bética, Tarraconensis, Gallaecia y Cartaginensis.




Además, los romanos implantaron en todo el territorio las leyes romanas. El derecho romano es, aún hoy día, la base de muchas de nuestras leyes.



LA SOCIEDAD HISPANORROMANA

La sociedad hispanorromana estaba organizada en:

  • Ciudadanos: muy ricos, como los grandes comerciantes, los propietarios de extensas tierras y las familias que procedían de Roma; y otros más humildes, como los artesanos y los pequeños comerciantes.
  • Esclavos: personas que eran propiedad de otras personas y que trabajaban en el campo, en las tareas domésticas, en las minas o como gladiadores en el circo.


LA ROMANIZACIÓN

Los hispanos adoptaron poco a poco las costumbres y forma de vida de los romanos. Este proceso se llama romanización.


La romanización comenzó con los legionarios, que eran los soldados romanos. Estos transformaron los poblados de los celtas e íberos en ciudades romanas. 


Además, impusieron como idioma el latín, reemplazando a las lenguas que se hablaban en Hispania, excepto el euskera que se mantuvo.

También, la mayor parte de la población hispana adoraba a los dioses romanos, hasta que en el año 380 d.C., el cristianismose convirtió en la religión oficial del imperio.



EL ARTE ROMANO

   Los romanos eran excelentes constructores. Sus construcciones eran muy sólidas ya que utilizaban el cemento y el hormigón (mezcla de piedras, cemento y arena).

  También decoraban los suelos y paredes con pinturas o mosaicos, realizados con pequeñas piezas de piedras o cristales de colores.




Si quieres conocer mejor las ciudades y construcciones romanas (teatros, circos, anfiteatros, termas, acueductos, arcos del triunfo, calzadas, etc), y los dioses que adoraban, pincha en el siguiente enlace y ve desde la diapositiva 72, hasta la 90: 
                                         Las ciudades y construcciones romanas


Para repasar un poco todo puedes ver este vídeo:

                                                        La hispania romana







CAUSAS DE LA ROMANIZACIÓN

Hispania ha sido siempre considerada como el baluarte del romanismo, la provincia más romanizada de Occidente: la Bética era una pequeña Italia en Hispania.

Se entiende por romanización el lento proceso de asimilación de la cultura, civilización y modo de vivir de los romanos por el pueblo hispano que duró seis siglos. Los factores que hicieron posible este proceso fueron los siguientes:
I. El derecho de ciudadanía que constituía la aspiración común de todos los pueblos sometidos ya que conllevaba grandes privilegios. En Hispania a partir de César que concedió a muchos municipios y finalmente en el año 212 d.C. el emperador Caracalla extendió esta prerrogativa a todos los habitantes libres del Imperio.

II. La fundación de las colonias y el régimen municipal: cada colonia era un centro de romanización, ya que estaba integrada por ciudadanos romanos que se organizaban y vivían como si estuvieran en la propia Roma y por indígenas que estaban en contacto con ellos, por lo cual el pensamiento y la civilización eran asimilados por los nativos. El municipio era una ciudad principal y libre, que tenía sus propias leyes y nombraba sus gobernantes independientemente de Roma, siendo los órganos esenciales de éste semejantes a los de Roma: las Asambleas populares, los magistrados, etc.

III. La influencia del ejército en la romanización fue decisiva: resultó ser el transmisor fundamental de la lengua latina. Los soldados reclutados entre la población hispana automáticamente adquirían el derecho de ciudadanía; así, al licenciarse, engrosaban el estamento de ciudadanos y se convertían en agentes activos de romanización.

IV. La lengua latina logró imponerse a las demás lenguas nacionales excepto al euskera que se habla en la zona norte) por medio de los funcionarios, del ejercito, de la enseñanza y del culto religioso y sobre todo a través de las relaciones comerciales ya que era la lengua universal en los países del Mediterráneo.

V. La extensa red de comunicaciones que proporcionaba el conjunto de calzadas romanas (más de 10.000 kilómetros) facilitó la comunicación entre las distintas regiones, tanto en la costa como en el interior, impulsando de esta manera el desarrollo del comercio entre todas ellas y, por tanto, la romanización.

LA ACULTURACIÓN




Vías de la Hispania romana

Las más destacadas poblaciones de la Hispania romanizada aparecen en este mapa, unidas por las principales vías creadas por el poder de Roma.



Reflejo de esa uniformidad cultural creciente fue la adopción de la lengua latina en todos los ámbitos de la vida, al principio en igualdad con las lenguas prerromanas y luego, salvo excepciones en el norte peninsular, con exclusividad, si bien es verdad que se mantuvieron variantes dialectales —al igual que costumbres y tradiciones culturales—, pero que no alteraron la unidad alcanzada. A este respecto es de destacar la capacidad romana de adoptar creencias y costumbres de los pueblos conquistados, asumiéndolas como propias e integrándolas en un todo común.

La romanización se mostró también en la penetración de la religión romana y, sobre todo, de las religiones orientales importadas por Roma —culto de Cibeles, Mitra, cristianismo— en el uso de vestimentas y ajuares; en los tipos constructivos, ya en obras públicas, ya en vivienda privada; en el uso de los nombres romanos con su praenomen, nomen y cognomen; en el uso de la moneda y métrica romanas; en la aceptación del Derecho Romano frente a las costumbres tribales; en las prácticas comerciales y asociacionistas (collegia); en la llegada de hispanos a Roma como emperadores, magistrados o literatos; o en la presencia de hispanos como legionarios desde Britania a Mesopotamia. La inserción de la Península en el mundo romano supuso una mayor apertura a los intercambios comerciales y culturales con el Mediterráneo y más allá, en una identificación con los habitantes también romanizados de Asia, África y resto de Europa. Todavía en torno al año 500 el sur peninsular se resistirá a la penetración germánica y mantendrá lazos de unión con el Imperio romano de Oriente, que posibilitarán la reconquista bizantina de la zona y su mantenimiento hasta el siglo VII, como una consecuencia de ocho siglos de historia y tradición en torno a la idea y al nombre de Roma.

FASES DE LA ROMANIZACIÓN



Teatro romano de Mérida

La importancia de Emerita Augusta, como era conocida la actual Mérida durante la época romana, queda constatada en edificios como el teatro romano, en el que todavía hoy se celebran representaciones teatrales y actuaciones musicales. Tiene un aforo aproximado para 5.000 personas.

El comienzo de este proceso data del año 218 a.C., cuando las legiones romanas de Cneo Cornelio Escipión desembarcaron en Ampurias, en la costa catalana, para enfrentarse con sus enemigos cartagineses, ocupantes de las zonas costeras y de parte del interior.

En una primera fase se procedió a la conquista militar —de la zona cartaginesa hasta el 206 a.C., de la zona interior durante el siglo II a.C. y del resto en el siglo I a.C.—, no exenta de dificultades debido al valor y ansia de independencia de los indígenas, con continuas rebeliones.

En una segunda fase, iniciada cuando aún gran parte de lo que será Hispania no había sido conquistada, se procedió a una asimilación cultural del territorio. Esta no fue total en las últimas regiones sometidas (área cantábrica) ni siquiera en el siglo V cuando se debilitó la presencia romana presa de las invasiones bárbaras, a pesar de llevar 500 años de dominación —muchas veces más nominal que efectiva—, debido al escaso interés por controlar y poblar zonas deprimidas y marginales. Allí pervivieron estructuras gentilicias (clanes) e idiomas (por ejemplo el euskera), así como el sentimiento de identidad que permitiría su supervivencia frente a los visigodos y el islam, posibilitando el nacimiento de los futuros reinos y condados cristianos. Una de las consecuencias del prestigio de Roma y de lo romano será la aspiración a la ciudadanía, conseguida a duras penas por los indígenas a base de dinero o en premio a su fidelidad. Ello, junto a la suavización de los términos en que se acordaron las distintas rendiciones a manos de las legiones y el tiempo transcurrido desde aquellas, fueron creando un clima propicio a la aceptación de lo romano. Punta de lanza de todo esto fue la llegada de inmigrantes de origen romano e itálico, que se fueron estableciendo en ciudades (municipia civium romanurum, coloniae civium romanorum), creando así focos tanto de difusión cultural como de control político y administrativo: Itálica (Sevilla), Corduba (Córdoba), Emerita (Mérida), Barcino (Barcelona), entre otros. La política colonizadora de Julio César y de Augusto en el siglo I a.C. fue el impulso definitivo a esta labor, iniciada tímidamente dos siglos atrás con la llegada de soldados y comerciantes, suponiendo ahora no sólo el asentamiento de veteranos de las legiones —emparejados con las mujeres indígenas— sino también nuevas remesas desde la propia Italia, en busca de nuevas tierras y mejores condiciones de vida. El clima de paz y la lejanía de los frentes bélicos contribuyeron decisivamente a la mejora de la economía y, con ello, a la aceptación definitiva de Roma.





Ruinas de Numancia
En el 133 a.C., tuvo lugar, en las proximidades de la actual ciudad española de Soria, uno de los actos épicos más famosos de la historia antigua de la península Ibérica: la destrucción de la ciudad celtibérica de Numancia a cargo del poder romano, tras diez años de asedio contestado por los heroicos defensores. No en vano, el calificativo 'numantino' hace referencia a quien mantiene una actitud de aislamiento y resistencia a ultranza e incondicional ante el exterior. Esta fotografía muestra las ruinas de la ciudad, la cual fue reedificada sobre la celtibérica.

Un hito en el proceso romanizador fue la concesión por el emperador Vespasiano (69-79) del ius latii o derecho de ciudadanía latina, para todos los hispanos libres de origen indígena. Tal medida fue ampliada en el 212 por el emperador Caracalla al convertir a todos los habitantes libres del Imperio en ciudadanos romanos mediante la Constitutio Antoniniana. En Hispania, para esas fechas, casi por unanimidad, la población se ‘sentía’ romana.


¿QUÉ FUE LA ROMANIZACIÓN?

Romanización es el proceso de aculturación que experimentaron las diversas regiones conquistadas por Roma, por el que dichos territorios incorporaron los modos de organización político-sociales, las costumbres y las formas culturales emanadas de Roma o adoptadas por ella. En el caso correspondiente a la península Ibérica, fue de diferente intensidad según las zonas —mayor en el sur y este peninsulares— y se produjo en distintos momentos (más tardío en el oeste y norte).


Tras vencer a los cartagineses en las Guerras Púnicas, Roma inició su hegemonía en los territorios peninsulares, que recibieron el nombre de Hispania. El proceso de romanización de las nuevas provincias fue fundamental en la configuración del Imperio romano. Además de sus formas políticas, sociales, institucionales, religiosas y culturales, Roma dotó a sus dependencias territoriales de construcciones de todo tipo, entre las que destacaban las referidas a obras públicas. Tal es el caso del acueducto erigido para la conducción de agua en la ciudad española de Segovia, construido por el arquitecto Cayo Julio Lacer a mediados del siglo I d.C., siendo emperador Claudio I.

La Romanización de España por Roma empezó en el 218 a. C. Aníbal (cartaginés) destruyó la ciudad de Sagunto, aliada de Roma, y al frente de un poderoso ejército cruzó el río Ebro y los Pirineos y emprendió la marcha hacia Italia. Entonces los romanos planearon hacer una guerra contra los cartagineses en España. Los romanos, con una extraordinaria visión de la estrategia militar, mandaron a España un ejército bajo el mando de Cornelio Escipión. Éste desembarcó en Emporion y empezó la conquista de las tribus de Cataluña, conquista que se consiguió rápidamente después de la llegada de su hermano P. Escipión, que asentó su base militar en Tarraco, destinada a ser una de las capitales romanas de España. Cuando ya estaban ocupadas las zonas ibéricas del levante y divididas las fuerzas de los dos hermanos, en el año 212 a. C., tomó por sorpresa Cartago Nova. Después de dos victorias en Baecula e Ilipa, logró expulsar a todas las tropas cartaginesas de la Península, e hizo un pacto con la cuidad de Gades en el año 206 a. C. Después de someter algunas tribus rebeldes (ilergetas), fieles a los pactos con los cartagineses, dominó toda la zona propiamente ibérica, que ya había pasado del dominio cartaginés al de los romanos a causa de la Guerra Púnica. 


Roma aplicó a los pueblos ibéricos y al territorio ocupado el derecho de conquista, comenzando una vergonzosa etapa de sistemática expoliación que causaría, en 197 a. C., una rebelión general de todos los pueblos ibéricos, exceptuando los ilergetas, que a causa de las anteriores represiones habían perdido su espíritu de resistencia. Roma mandó a España al cónsul Marco Pocio Catón, quien, tras una durísima represión, en el transcurso de la cual fueron destruidos todos los núcleos semiurbanos y urbanos de Levante y Cataluña, dominó firmemente el territorio, que quedaría dividido en dos provincias: la Citerior y la Ulterior.